Archive Tag:tren transiberiano

Guía del Tren Transmanchuriano – por Manchuria con destino a Rusia

Hay un fenómeno muy particular que se repite siempre en las fronteras. A medida que nos acercamos a los límites de un país, podemos ver, oír y hasta oler cada vez más cómo las culturas de ambos estados se van fusionando, influenciando. Los idiomas, las comidas, la arquitectura, los modismos y hasta las religiones se ven trastocadas por la presencia próxima del país vecino. Eso mismo es lo que pasa en la increíble región de Manchuria, por la que viajamos a bordo del Tren Transmanchuriano, donde el norte del gigante asiático se abraza al este de Rusia.

En esta guía les vamos a contar los cómo, cuándo, cuanto, donde y por qué de un viaje a bordo del tren Transmanchuriano de bajo presupuesto con destino a conectar con el legendario tren Transiberiano.

Kazan entre tazas de té y ollas gigantes

El largo pasillo estaba apenas iluminado. Una pequeña ventana sucia al final del mismo dejaba pasar la débil luz de un día nublado, tan típico de la primavera rusa. Las paredes despintadas daban indicios de haber sido amarillas en algún momento, y las puertas de madera hablaban de décadas y no de años. Esto es lo que queda del comunismo, recuerdo haber pensado. En la casa de los padres de nuestro amigo el agua ya hervía en la pava, las viejas tacitas de té aguardaban sobre la mesa y a nosotros nos esperaba una de las veladas más memorables de nuestro viaje por la infinita extensión de la gran Rusia. Habíamos llegado a la milenaria Kazan, en el corazón del Tatarstan, el último vestigio de los Khanatos mongoles en el territorio ruso y uno de los grandes bastiones del Islam en el continente.

Astana: la capital más extraña del mundo

Frenamos tan de golpe que me sacudí en mi asiento. Me debía de haber dormido, no recordaba en que momento había anochecido. El helado aire nocturno se coló por la puerta cuando la abrieron para que suba un militar, y me di cuenta de que estábamos en la frontera. Celeste ya tenía los pasaportes en la mano. Habíamos llegado, a esas extrañas horas, a Kazajistán. Nos esperaban en Astana, la capital del país.

Sauna y tanques en Ekaterimburgo

La gente se apiñaba con expectación contra las cuerdas que dividían a los espectadores del camino por donde pasaría el desfile. El pálido sol de la fría primavera rusa brillaba con fuerza en un cielo sin nubes, y el ánimo contagioso de la multitud imprimía a las calles de Ekaterimburgo un ambiente de tranquila normalidad que, con toda seguridad, contrastaba con la demostración militar de la que pronto seríamos testigos.

La hermosa experiencia de familiaridad en una casa de campo rusa que habíamos disfrutado el día anterior, y la paz que ésta nos trajo, quedo rápidamente eclipsada por la imponencia de lo que ahora veíamos. Era claro entonces que nuestros días en Ekaterimburgo quedarían grabados en nuestra memoria.

El Lago Baikal en el corazón de Siberia

Hacia frío y el viento helado me lastimaba los oídos, pero lo soportaba contento porque disfrutaba del aislamiento que me provocaba, y porque la noche anterior habíamos pasado mucho, mucho más frío. Me encontraba sentado sólo en la colina, con los brazos abrazando las rodillas flexionadas, la cámara casi olvidada colgando de mi mano derecha. Frente a mí, el sol poniente se escondía detrás de una montaña e inundaba el cielo y la superficie congelada del Lago Baikal, del corazón de la Siberia rusa, de una infinidad de tonos anaranjados.

Éste es el relato de la noche en que acampamos en el Lago Baikal, y del día en que sentí con tanta fuerza como pocas veces antes que estaba exactamente donde tenía que estar.