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Sauna y tanques en Ekaterimburgo

La gente se apiñaba con expectación contra las cuerdas que dividían a los espectadores del camino por donde pasaría el desfile. El pálido sol de la fría primavera rusa brillaba con fuerza en un cielo sin nubes, y el ánimo contagioso de la multitud imprimía a las calles de Ekaterimburgo un ambiente de tranquila normalidad que, con toda seguridad, contrastaba con la demostración militar de la que pronto seríamos testigos.

La hermosa experiencia de familiaridad en una casa de campo rusa que habíamos disfrutado el día anterior, y la paz que ésta nos trajo, quedo rápidamente eclipsada por la imponencia de lo que ahora veíamos. Era claro entonces que nuestros días en Ekaterimburgo quedarían grabados en nuestra memoria.

Un pueblo ruso y la hospitalidad de Chita

Acabábamos de llegar a nuestro primer pueblo ruso, a nuestra primera parada en el largo camino del Tren Transiberiano. Nuestras mentes apenas habían tenido tiempo de acoplarse al brusco cambio en nuestro entorno.

Nada era ni parecía lo mismo. Había cambiado el idioma y las letras en los carteles, el carácter de la gente, el clima y hasta la forma de las ciudades y los pueblos. Sólo una variante se mantenía, como a todo lo largo y ancho de éste mundo: la hospitalidad.

El Lago Baikal en el corazón de Siberia

Hacia frío y el viento helado me lastimaba los oídos, pero lo soportaba contento porque disfrutaba del aislamiento que me provocaba, y porque la noche anterior habíamos pasado mucho, mucho más frío. Me encontraba sentado sólo en la colina, con los brazos abrazando las rodillas flexionadas, la cámara casi olvidada colgando de mi mano derecha. Frente a mí, el sol poniente se escondía detrás de una montaña e inundaba el cielo y la superficie congelada del Lago Baikal, del corazón de la Siberia rusa, de una infinidad de tonos anaranjados.

Éste es el relato de la noche en que acampamos en el Lago Baikal, y del día en que sentí con tanta fuerza como pocas veces antes que estaba exactamente donde tenía que estar.

Odisea en la Gran Muralla China

Las piernas me temblaban por el cansancio. Allí donde la Gran Muralla China se fundía en un abrazo ininteligible con la montaña sobre la que reposaba desde hacía milenios, escalábamos con la convicción de que la única forma de terminar lo que habíamos empezado era seguir presionando, seguir avanzando a pesar del miedo que se alojaba en nuestras gargantas y del cansancio que nos quemaba en el cuerpo.

Nuestra gran aventura en la Muralla más maravillosa de todos los tiempos empezó esa cálida mañana primaveral en Pekin, China. Nunca nos hubiésemos imaginado hasta qué punto nos podría a prueba, ni el peligro en el que estábamos por poner nuestras vidas.

Seguro de viaje: el eterno dilema

Sí, nosotros también nos lo hemos cuestionado. Es la eterna pregunta que miles de personas se hacen durante la planificación de sus viajes: ¿Vale la pena contratar un seguro de viaje?

La respuesta, por supuesto, no es tan simple, y va a depender de factores como el destino del viaje, la letra chica de la póliza y, sobre todo, de la cantidad de riesgo que cada uno esté dispuesto a asumir.

Japón: cuando las primeras impresiones cuentan

¿Cuánto se tarda en conocer un país? ¿Cuánto en conocer una cultura? ¿Un día, un mes, un año? Hay lugares, como India, en los que sentimos que una vida no sería suficiente para entender las profundas tramas que componen una sociedad determinada, y hay otros en los que todo encaja desde el primer momento, en los que tenemos esa sensación de que comprendemos, como si tuviéramos la respuesta en la punta de la lengua, el lugar donde de repente nos encontramos.

Nunca nos hubiésemos imaginado, cuando decidimos viajar a Japón, lo que nos íbamos a encontrar, pero así comenzó este viaje, un viaje donde nos dimos cuenta rápidamente de que las primeras impresiones, muchas veces, cuentan.

Entrevista de un viaje salvaje

Eric y Ulka son un vasco y una polaca obsesionada con la cultura vasca que se fueron de la comodidad de sus casas y de sus vidas para vivir en la ruta. Su estilo cuasi salvaje de ser y su acotado presupuesto eran los ingredientes perfectos para el desastre. A mitad de camino se vieron forzados a cambiar sus planes completamente, y lo que empezó siendo un viaje de descubrimiento con destino a Terranova, termino convirtiéndose en una odisea de más de un año desde Polonia a la India pasando por China, Tailandia, Sri Lanka y por la antigua Ruta de la Seda.

Nosotros tuvimos el enorme placer de pasar unos meses viajando con ellos en el norte de India, y hoy tenemos el placer aún más grande de contar su historia, su filosofía y algunas de las anécdotas mas bizarras que van a leer en mucho tiempo.