El Lago Baikal en el corazón de Siberia

Hacia frío y el viento helado me lastimaba los oídos, pero lo soportaba contento porque disfrutaba del aislamiento que me provocaba, y porque la noche anterior habíamos pasado mucho, mucho más frío. Me encontraba sentado sólo en la colina, con los brazos abrazando las rodillas flexionadas, la cámara casi olvidada colgando de mi mano derecha. Frente a mí, el sol poniente se escondía detrás de una montaña e inundaba el cielo y la superficie congelada del Lago Baikal, del corazón de la Siberia rusa, de una infinidad de tonos anaranjados.

Éste es el relato de la noche en que acampamos en el Lago Baikal, y del día en que sentí con tanta fuerza como pocas veces antes que estaba exactamente donde tenía que estar.

El corazón de Siberia

La naturaleza de la extensa región de Siberia en Rusia es imponente. Mientras el tren avanza con su monótono traqueteo por las vías del mítico Tren Transiberiano, la ventanilla nos devela un paisaje que evoca la majestuosidad, el orgullo y la dureza de la vida rural del pueblo ruso.

La Gran Estepa alberga distancias imposibles que parecen no soltar nunca el horizonte, bosques de blancos abedules duramente mermados por la mano del hombre, y humildes casas de campesinos agrupadas en pequeñas comunidades que desafían a la imaginación de quienes se preguntan cómo podrán sobrevivir a los inviernos siberianos de -40°.

Pero incluso éste duro terreno, testigo de miles de exilios, de los temidos Gulags soviéticos, y de los inviernos más crudos del mundo, tiene un corazón, tan grande, duro, frío y hermoso, como la Siberia misma: El Lago Baikal.

La vista desde el Tren Transiberiano en el tramo Ulan Ude – Irkutsk

El lago más grande del mundo contiene el 20% del agua potable de nuestro planeta. Ese dato es suficiente para hacerse una pequeña estimación del tamaño que abarca esta gigantesca masa de agua, que sólo podía encontrarse en el país donde todo tiene dimensiones extraordinarias.

A partir de noviembre, durante los duros meses del invierno siberiano, el Lago Baikal comienza gradualmente a congelarse.

Para mediados de enero y hasta mediados de mayo (comienzos de primavera), la superficie se encuentra completamente congelada, lo que lo hace transitable para personas, bicicletas y hasta autos, dependiendo siempre del grosor del hielo en cada zona del lago.

Es uno de los mayores atractivos turísticos de la región durante los meses de verano, cuando el lago esta derretido y la temperatura exterior ronda los 20°. Pero nosotros desde que supimos de su existencia, albergamos la ambición de verlo en su estado más salvaje, aún congelado.

Así fue como decidimos ir a pasar dos días a la isla de Olkhon, ubicada en el Lago Baikal. De la casa de nuestro anfitrión de Couchsurfing en la ciudad de Irkutsk nos fuimos hasta la estación de colectivos, desde donde nos tomamos una camioneta compartida.

El conductor, que parecía sacado de la más reciente película de Rápido y Furioso, nos llevó en poco más de 4 horas (calculábamos que iba a tardar 6) hasta un punto de la orilla occidental del lago.

Ya lo habíamos visto desde la ventanilla del tren cuando viajábamos a Irkutsk. Ya entonces nos había dejado mudos, anonadados antes su magnificencia.

La primera vez que vimos el Lago Baikal, desde la ventanilla del Tren Transiberiano (tramo Ulan Ude – Irkutsk)

Pero la ventanilla del tren, como cualquier otra pantalla, no nos pudo transmitir todo eso que no se ve en la foto: el viento helado que sopla desde lago, el murmullo del agua que ha empezado ya a descongelarse y acaricia la costa como una vieja amiga después de una larga ausencia, y la sensación de pequeñez que transmiten siempre los paisajes imponentes.

Y la camioneta se acercaba al lago. Espera, pensé, ¿no se le ocurrirá a éste Vin Diesel frustrado querer avanzar por la superficie, no? Por un segundo me encontré decidiendo que debía salvar primero, si la mochila o la comida, pero afortunadamente la camioneta freno a unos metros de la orilla.

Si bien la superficie no se encontraba completamente congelada, era obvio a simple vista que ningún barco podría transitar por el lago, por lo que nos encontramos preguntándonos (y realizando las más ridículas conjeturas) cómo se suponía que cruzáramos hasta la isla.

La respuesta llego deslizándose por el lago con un ventilador gigante a su espalda. Así fue como después de más de 3 años, viajamos por primera vez en un aerodeslizador, ¡y nada menos que por encima del Lago Baikal!

Ya en la isla de Olkhon, otra camioneta nos llevó hasta el pequeño poblado occidental de Kuzhir. Decididos a hacer de esos días una pequeña aventura, y desoyendo todos los consejos que nos daban nuestros amigos rusos, nos fuimos al bosque que rodea al pueblo a acampar. Tal vez si hubiéramos escuchado mejor, nos hubiésemos ahorrado lo que vino después.

El pueblo de Kuzhir en toda su (pequeña) extensión

¡Creo que se me congelaron los pies!

Hace mucho que venimos pensando en acampar. No en Rusia, ni menos en Siberia, pero anticipándonos al verano Europeo que nos espera y aprovechando los precios bajos de China, compramos una carpa con la intención de empezar a usarla cuando el clima lo permita.

Pero si ya han leído algunos de nuestros relatos, se habrán dado cuenta de que no somos ni muy pacientes ni muy conscientes del peligro, aunque sí muy tercos (se podría decir en síntesis que somos muy argentos). Simplemente no pudimos dejar pasar la oportunidad de acampar en un lugar tan único como el legendario Lago Baikal.

No había pasado más de una hora desde que terminamos de armar la carpa, la miramos de todos lados, la amamos un rato, y nos metimos con el entusiasmo por las nubes, cuando empezó a nevar.

Soñe con esta foto desde antes de tomarla

Asomamos las cabezas por la entrada de la carpa como dos niños curiosos y nos maravillamos con la hermosa escena que presenciábamos, la de la nieve alfombrando lentamente el bosque de blanco. Nos metimos adentro a esperar que pase.

En la Siberia rusa los husos horarios a los que estamos acostumbrados empiezan a cambiar. En la primavera por ejemplo, es normal que todavía sea de día a las 9 ó 10 de la noche, por lo que antes de que llegue el frío nocturno salimos a dar una vuelta.

Volvimos rápido a nuestro pequeño refugio pobremente preparado para el frío y nos metimos en las bolsas de dormir. Podíamos sentir como la temperatura bajaba, bajaba y seguía bajando. Cada vez hacia más frío. Ya teníamos toda nuestra ropa de invierno puesta y no alcanzaba.

Salir de la bolsa de dormir no era una opción si quiera. Unas horas después del anochecer, me desperté y me di cuenta de que no sentía los dedos de los pies. Entre insultos, pero ateniéndome a nuestra regla de no quejarnos si no hay solución, sume otro par de medias al que tenía puesto.

Me debo haber vuelto a dormir. Pero el frío se nos metía en los huesos, y ninguno de los dos paraba de tiritar. ¿Quién nos mandó a querer acampar en Siberia?

Un desierto de nieve; debido a la cantidad de nieve que ha caído este invierno, el lago se presentaba blanco en lugar de transparente (como es habitual)

En medio de la noche, en medio del silencio que manteníamos a la espera de que se haga de día, Celeste me deseo un feliz cumpleaños. En silencio sonreí y le agradecí. Así, durmiendo en una carpa en un bosque en una isla del Lago Baikal, cumplí 25 años.

Anochece tarde y amanece temprano. Eran casi las cinco de la madrugada cuando, ya habiendo renunciado al intento de dormir, empecé a notar el cambio en la luz. Finalmente se hacía de día. Paciencia.

Todavía esperamos 4 horas más para levantarnos y al fin volver a salir de las bolsas de dormir. No había ni que aclarar que no íbamos a volver a dormir en la carpa hasta el verano, así que la guardamos y fuimos al pueblo.

En unas horas conseguimos una pequeña cabaña que estar en temporada baja nos alquilaron por una noche con un considerable descuento. Ahora sí, tomando café y comiendo el tradicional postre napoleon que habíamos traído desde Irkutsk, pudimos celebrar mi cumpleaños.

Donde tengo que estar

Ese día lo dedicamos exclusivamente a admirar el Lago Baikal. Los acantilados que rodean la circunferencia de la isla de Olkhon generan un hermoso contraste con el desierto de nieve y hielo en que se había convertido el lago.

Nunca antes habíamos visto algo igual. La magnificencia del lugar es simplemente imponente. Monumentos del chamanismo que impera en la isla se desperdigan por la irregular costa transfiriendo una sensación de trascendencia.

Monumentos chamanistas en los acantilados de Olkhon
Los acantilados a las afueras de Kuzhir
De camino al Lago Baikal por primera vez

El mayor contraste lo encontramos en la playa que, por supuesto, desemboca en el hielo y parece salido de un cuento de ficción.

Al atardecer volví, esta vez sólo. Que espectáculo inolvidable. Camine y corrí como un loco por los acantilados, con el viento tirándome de la ropa y el frío lastimándome los dedos mientras disparaba con la cámara en todas direcciones.

Cuando al final el sol se escondió detrás de las montañas y dio las ultimas pinceladas de color al cielo, me senté en la ladera a saborear los últimos minutos de aquel atardecer.

¿Cómo describir esa sensación? Es como si el mundo entero se detuviera por un minuto, y cual rompecabezas todo encajara. Sentía que todo me había llevado a ese momento y lugar, y la extraña y eufórica paz de por unos minutos ser pura y llanamente feliz.

Mientras contemplaba ese paisaje de una belleza indescriptible, prolongue esa profunda sensación de que estaba exactamente donde tenía que estar lo más que pude, mientras la noche le iba ganando la partida al atardecer.

Donde tengo que estar

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