Entrevista: Maru Mutti – Bitacora Viajera

Maru Mutti es una viajera empedernida, de esas almas inquietas que deambulan por el mundo curiosas mirándolo todo y, afortunadamente para nosotros, tiene la hermosa habilidad de poner en palabras todo lo que ve y lo que vive. Emprendió su camino sola, y en la ruta encontró un compañero con el que, hasta el día de hoy, sigue recorriendo los caminos del mundo. Su vida puede parecer un cuento, solo que la vida real casi nunca es como los cuentos, y en esta entrevista tenemos el gusto de presentarles a la escritora detrás de algunos de los mejores relatos de viaje que circulan en la blogosfera:

A: Vamos a empezar por el principio, y si bien ya conocemos la respuesta a esta pregunta, la hacemos igual para nuestros lectores que quizá aún no te conozcan: ¿Quién sos? ¿Qué es “Bitácora viajera”?

M: Soy Maru, una argentina que se cansó de la rutina de oficina y dejó todo para ir tras sus sueños. Bitácora Viajera es el lugar en el que combino mis dos pasiones: viajar y escribir. Nació mientras hacía reposo por una operación en la rodilla y por la necesidad de separar mis escritos viajeros de los blogs de turismo para los que escribía habitualmente, pero fue mutando. Casi sin darme cuenta, Bitácora Viajera dejó de ser un compañero virtual que tenía como hobbie para pasar a ser mi proyecto de vida y mi primer compañero de viaje.

A: ¿Cómo y por qué decidiste empezar a viajar?

M: Cómo empecé a viajar tiene que ver con mi familia. Desde chiquita siempre mis papás aprovechaban cualquier día libre para hacernos una escapada a algún lado. No importaba si era cerca o lejos; desde ir a ver a los aviones despegar a aeroparque, hasta pasar el día comiendo sandwiches de milanesa en Rosario o un fin de semana en Uruguay. Me inculcaron el viajar como parte de mi vida y creo que me lo tomé muy en serio. Pero supongo que la pregunta va más allá de eso, y se refiere más que nada a mi estilo de vida viajero actual. Y la respuesta es básicamente que amo viajar. Soy una persona bastante inquieta y la rutina después de un tiempo me agota. No me gusta mirar pasar la vida por la ventana cuando sé que el mundo tiene tantas cosas para mostrarme y enseñarme. Siempre interpreté el viajar como un sinónimo de vivir, yo me siento viva mientras viajo y por eso lo hago. La vida es muy corta y me cansé de sentir que la miraba pasar atrás de una ventana.

A: ¿Qué cambio en tu forma de viajar desde que lo haces con Nico? ¿Cómo es la convivencia en la ruta?

M: Lo esencial no cambió, pero sí es cierto que no es lo mismo viajar sola que en pareja. Antes yo era la responsable del 100 por ciento de las decisiones y ahora solo en el 50 por ciento. También es verdad que a veces tenemos estilos distintos de viaje, pero nos llevamos muy bien y nos sabemos adaptar. Yo soy más de salir a ver qué me encuentro y perderme, y Nico es más estructurado en eso, le gusta saber a dónde va, qué puede ver y demás. Nos respetamos mucho mutuamente y los dos sabemos que si el otro no tiene ganas de hacer algo, no tiene por qué hacerlo, aunque a veces hacemos cosas que no nos gustan tanto por el simple hecho de acompañarnos, pero porque así lo elegimos.

Después de tanto tiempo siendo el único compañero constante del otro, la verdad es que puedo decir que nos llevamos genial. Sí, hay roces obviamente porque las cosas en viaje no siempre son fáciles, a veces estamos cansados, o tenemos hambre o cualquier cosa que en la vida normal puede ser un tema minúsculo en viaje puede potenciarse más de lo imaginado. Pero sabemos que son cosas del momento. Nico se queda callado un rato y se le pasa, yo soy más dura para eso, pero más que discusiones tontas y lógicas del día a día no hemos tenido. Tenemos los roles bien definidos y eso está buenísimo. Sabemos de qué cosa se encarga cada uno en base a lo que preferimos, entonces nadie tiene que hacer algo que no tiene ganas.

A: ¿Seguís igual de motivada por viajar ahora que cuando empezaste? ¿Qué cambio?

M: Es una buena pregunta, y te soy sincera, cuando leí toda la entrevista me quedé pensando en lo que contestaría acá. Sí, amo viajar, me encanta viajar y quiero seguir viajando, pero también estoy cansada y tengo ganas de parar un rato. Mientras estaba en Buenos Aires imaginando lo que sería esta gran aventura nunca me hubiera imaginado que podía llegar a cansarme de viajar, pero me pasó. Ojo, no me refiero a que no me gusta viajar más, que prefiero volver a la vida “normal” que tenía en Argentina y nada de eso, me refiero a que el movimiento también agota y a veces no es tan fácil como parece. Hace unos meses, mientras estaba viajando por Myanmar, tuve una crisis – mi primera gran crisis viajera – y no podía parar de llorar. No sabía lo que me pasaba, pero sabía que ya no tenía más ganas de ver nada, de moverme de un lugar a otro ni de hablar con nadie.

Me llevó unos días entender que no había perdido mi alma viajera sino que la Maru nómada me pedía un respiro. Tenía muchos proyectos dando vueltas en la cabeza y no podía dedicarle mi tiempo a nada porque todo el tiempo estábamos moviéndonos o porque no tenía una mesa donde sentarme a trabajar tranquila o porque no tenía una cocina donde prepararme algo que de verdad tuviera ganas de comer.

Eso era lo que me molestaba en ese entonces y por eso aflojamos el ritmo y empezamos a ir más despacio de nuevo. Después nos tocó una seguidilla de países en los que la visa nos corría y otra vez, tuvimos que avanzar más rápido. Recargué pilas y seguí, pero cada tanto tengo esa necesidad latente de parar un rato, trabajar en mis cosas y seguir. Creo que si tengo que decir que algo cambió es en que por fin entendí que vivir de viaje es eso: vivir. Y como cualquier otra forma de vida no es perfecta. La motivación sigue igual, no quiero dejar de viajar de ninguna manera, pero tal vez más adelante elijamos hacer base y viajar por períodos largos, pero no tanto como ahora.

A: ¿Cuál es tu forma preferida de viajar? ¿Por qué? ¿Cuál la que menos disfrutas?

M: Me gusta viajar lento y sin mapas. Llegar a un lugar y si tengo una conexión real con la ciudad/pueblo quedarme hasta que sienta que es hora de partir. No me gusta tener que ir de acá para allá, estar pendiente de las cosas para hacer ni tener una agenda organizada, me gusta ser más libre y flexible en base a lo que hago/veo en cada sitio. Si un día me levanto con ganas de quedarme en la cama mirando películas, me gusta hacerlo sin culpas. Me gusta tener mis momentos de fiaca también en el viaje, porque eso es parte de mi vida.

A: Juntos vivieron durante un año en Australia y como nosotros mismos lo hicimos un poco después (inspirados por el genial artículo que escribieron en su blog), trabajaron un tiempo en el remoto Outback australiano. ¿Cómo era vivir en un lugar tan remoto? ¿Qué fue lo más difícil de esa experiencia?

M: La experiencia en Derby fue más difícil de lo que imaginábamos en un principio. Cuando elegimos ese trabajo lo hicimos conscientes de que estaríamos alejados de todo, que habría muy pocas cosas para hacer durante nuestro tiempo libre y que no sería fácil. Pero nuestro objetivo en Australia era juntar plata para poder seguir viajando y era una de las mejores opciones para hacerlo. Se paga bien y no tenés donde gastar el dinero, así que era perfecto. Cuando llegamos a Derby Nico casi sale corriendo, y después de unos días, los dos quisimos hacerlo, pero le dimos una chance y terminamos quedándonos cinco meses.

En el pueblo no había prácticamente nada y el calor era infernal. Estuvimos en la peor época además, así que si queríamos ir a la pileta pública que era la única salvación para las temperaturas del desierto teníamos que caminar 3 kilómetros para ir y otros para volver. Quisimos comprarnos una bicis pero en el pueblo nadie vendía, así que no teníamos mucha opción. El tema del calor, la falta de conexión a internet – teníamos un módem portátil que funcionaba cuando quería y a veces nos obligaba a apagar el ventilador para tomara la señal – y la mala predisposición de nuestros jefes y compañeros de trabajo hicieron que la experiencia nos resultara muy pesada. Para qué mentir, la pasamos mal y fueron más las veces que nos quisimos ir que las que de verdad queríamos quedarnos. Pero estuvimos enfocados en nuestro objetivo y eso nos mantuvo firmes y más unidos que nunca.

Recién el último mes y medio pudimos formar un lindo grupo de gente con la que compartimos momentos divinos y que hasta nos hizo poner triste la despedida. Igualmente, mirándolo en perspectiva, estamos orgullosos de haberlo hecho porque aprendimos un montón, crecimos muchísimo y vimos una cara de Australia que nos hubiéramos conocido de otra forma.

A: Has viajado por 4 de los 5 continentes, ¿cuál es el que más te gusto? ¿Por qué?

M: Esta sí es una pregunta difícil. No sé si hay uno que me gustó más que otro, todos son distintos y cada uno tiene lo suyo. América es mi continente y más allá de eso, está el Caribe que para mí es el mar más hermoso del mundo, hay gente maravillosa, costumbres muy cercanas; Asia tiene un pedacito de mi corazón por todo lo que representa, por sus culturas tan diferentes, sus comidas tan deliciosas (y no tanto), por su gente…; Oceanía me enseñó muchas cosas no solo a nivel social y cultural, sino también a nivel personal, no podría no pensar en Australia con buenos recuerdos después de un año viviendo tan intensamente; y Europa me encanta, amo la historia de sus lugares, sus callejones, sus construcciones, hasta me encanta su arte y yo de arte no sé nada! No, creo que definitivamente no podría elegir uno solo.

A: En tu encuentro con las diferentes culturas del mundo, ¿qué es lo que más te ha impactado? ¿Hay algo que te haya resultado difícil de asimilar o aceptar? ¿Hay alguna costumbre o comportamiento que hayas adoptado de alguna de estas culturas?

M: Me impactó ver la posición de la mujer en países como India, por ejemplo, o en la religión musulmana más que nada. Me impacta ver lo que el ser humano le está haciendo el mundo y lo mucho o poco que hace la gente para cambiarlo, creo que es una de las cosas que más impotencia me genera. Las plantaciones de palma en Malasia, la quema indiscriminada de bosques de Indonesia, la mugre que producimos y que tan poco cuidamos. Me alegra enormemente cuando veo países como Japón o Australia que tienen una cultura del reciclado tan marcada, pero me entristece demasiado cuando voy a otros países que tratan el planeta como un tacho de basura.

En Tailandia, por ejemplo, después de buscar más de 30 minutos un tacho de basura, cuando por fin encontré uno en la calle, la dueña del local al que pertenecía no me dejó usarlo vaya uno a saber por qué. Sinceramente no sé si hay algo que adopté o no, tal vez los horarios de cena más que nada. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que nos sentamos a comer pasadas las 9 de la noche, como solíamos hacerlo en Argentina. Desde Australia nuestro horario fijo son las 7 o 7.30 de la tarde jaja.

A: ¿Nos regalas una anécdota de tus días en la ruta?

M: Si tengo que pensar rápido en alguna, la primera que se me viene a la cabeza nos pasó en abril de 2016 en Tailandia. Estábamos en Phuket y nos íbamos a Koh Samui. Compramos el pasaje de van + ferry en la calle e incluía el pick up desde el hotel. Nos dijeron que iba a ser una minivan pero a la mañana nos vino a buscar un taxi. Nos pareció raro, pero el hombre que no hablaba una palabra de inglés leyó el papelito que nos habían dado y nos confirmó que éramos nosotros los pasajeros que buscaba. Cuando nos subimos al auto había otro chico, un inglés que se volvía a su casa en avión. Eso nos pareció aún más extraño, pero en Tailandia todo puede pasar así que decidimos confiar. Cuando nos acercábamos más y más al aeropuerto, le volví a acercar el papel al chófer para asegurarnos de que estábamos en el lugar correcto. El dijo que sí con la cabeza pero al mismo tiempo empezó a buscar papeles, nosotros nos miramos y empezamos a dudar.

Cuando llegamos al aeropuerto y no nos bajamos del auto, el hombre se empezó a poner nervioso porque se dio cuenta de que no sabía a donde tenía que llevarnos. Yo seguía mostrándole el papel que decía bien grande KOH SAMUI, pero él parecía no entender. Siguió manejando y paró en una estación de servicio donde le exigimos que llame por teléfono a la persona que nos vendió el pasaje y cuando logramos que nos entendiera, sacó el teléfono dijo dos palabras en tailandés y se quedó sin batería. En la estación de servicio nadie hablaba inglés y no podíamos hacerle entender a nadie lo que pasaba. El horario de la combi ya había pasado y no sabíamos que iba a pasar con nosotros, encima por primera vez en el viaje ¡hasta teníamos alojamiento reservado! El chofer enchufó su celular en un cuartito de la estación de servicio pero no hacía nada, no nos explicaba nada y no hablaba con nadie. Se subió al auto, nos dijo que lo siguiéramos y arrancó. Todo lo que nos decía era OK, OK, OK. Pero no sabíamos que era lo que estaba OK. De repente, paró en el medio de la ruta y repetía OK, OK, OK.

Nosotros ya estábamos demasiado nerviosos, era el primer tailandés que conocíamos que no vivía pegado a su celular y no teníamos forma de contactarnos con nadie que nos dijera que estaba pasando. En un momento se bajó del auto para ir a comer, y yo me bajé atrás de él para exigirle que se quedara, que estábamos en el medio de la ruta sin saber qué estaba pasando y si nos íbamos a poder ir o no. Se fue igual y cuando volvió me trajo una botella de agua. Me dio pena porque sabía que él estaba tan preocupado como nosotros, pero me ponía nerviosa la situación. Nico estaba igual, pero él es más tranquilo. El chofer se subió de nuevo al auto y en un momento nos señaló para atrás, nos hizo bajar y el colectivo que siguió de largo cuando él creía que iba a parar, nos ayudó a entender que estábamos esperando que alguien nos levantara.

A los 15 minutos más o menos, paró una van, la misma que tendría que habernos pasado a buscar a nosotros (y que estaba retrasada esperándonos en nuestro hotel porque nadie le había informado lo que había pasado), y nos pudimos ir rumbo a Koh Samui. Fue una mañana bastante intensa, pero que terminó convirtiéndose en una gran anécdota tailandesa.

A: ¿Dónde te podemos ver próximamente y como te pueden encontrar nuestros lectores?

M: Ahora estamos en Barcelona y todavía tenemos que terminar de definir los planes, así que todo puede ser, por ahora seguiremos un tiempo en España. Como ni nosotros sabemos qué nos va a deparar el destino, los invito a seguirme en Facebook, Instagram y en el blog.

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¡Qué tengan buenas rutas!


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