Carta abierta a los indecisos

Viaja. Andate.

Viaja. Andate. No lo pienses, no necesitas una razón, no te falta nada, ni nadie. No te creas ni por un segundo que sos una persona incompleta, que sos la mitad de algo, que necesitas un propósito en la vida, que algún día te vas a arrepentir, que si no estás produciendo estás perdiendo el tiempo. ¿Qué tiempo? Tiempo sentado en un escritorio, tiempo enfrente de la computadora, enfrente del televisor, tiempo pendiente de temas que en el fondo no te interesan en lo más mínimo, tiempo y esfuerzo, y energía y salud, gastados en algo que no te apasiona. ¿Ese tiempo tenés miedo de perder? El tiempo que pasas esperando que llegue el fin de semana y que tu vida cotidiana que tan poco te excita, se ponga en pausa, te dé un respiro. ¿Suena lógico vivir 2 días de cada 7? ¿Un mes de cada 12? ¿Qué te detiene? ¿La plata? Si hasta ahora no te moriste de hambre no es por tu trabajo ni por la bondad de tu jefe, es por tu inventiva, por tu capacidad, por tus habilidades. En todo el mundo existen problemas, necesidades, oportunidades y, escuchame bien, también existe la hospitalidad, existe la ayuda desinteresada – creeme, yo la vi con mis propios ojos –, existen las sonrisas gratis y los abrazos espontáneos, existe la amistad instantánea. Creeme que allá afuera, en el mundo, existe la felicidad, y es hermosa, y es contagiosa.

[bctt tweet=”Viaja. Andate. No lo pienses, no necesitas una razón, no te hace falta nada, ni nadie” username=”viajandovivonet”]

Viaja. Andate. Viaja de todas las formas posibles, experimenta en carne propia eso que pensás que solamente le pasa a algunas personas. Vos también sos “alguna persona”. Mira con el alma, sentí con los ojos, saborea con el tacto, gritale a quien se ponga en tu camino, gritale que te acompañe. Viaja lejos, y también cerca, y viaja solo, que no hay cosa más hermosa en el mundo que conocerse a uno mismo, y gustarse. No sientas remordimiento, el tiempo hasta ahora ya no existe y mañana no va a llegar nunca, viví hoy, hoy viaja, hoy andate. Mira la vida en otros lugares, aprende, crece, involucrate, entendé que somos iguales en nuestras diferencias y diferentes en nuestras igualdades, encontrá hermanos en otras latitudes, encontrá amores en otros idiomas, encontrate a vos mismo enfrente de un espejo roto y no te reconozcas, y sonreíte. Y por favor, se curioso. La curiosidad es la madre de todos los viajeros, de todos los soñadores, los emprendedores, los que hacen lo que hay que hacer, los que hacen lo que quieren hacer, los que aman lo que hacen. Interesate, pregunta, responde, tolera. Mira lo que hay del otro lado, mira al otro, se el otro, ponete en sus zapatos, en su camisa y en su sombrero. Lleva tus prejuicios con vos, así después te podes reír de ellos. Acordate de donde venís, lo que te costó llegar, las piedras del camino.

[bctt tweet=”La curiosidad es la madre de todos los viajeros” username=”viajandovivonet”]

Viaja. Andate. No es ahora o nunca. Es sólo ahora. No va a haber una mejor oportunidad, porque la oportunidad la haces vos. Es todo cuestión de perspectiva, si lo crees de verdad, vas a encontrar la voluntad, y si hay voluntad, el camino ya está pavimentado, sólo queda caminarlo, sólo queda viajarlo. Y viaja ligero. No te hace falta toda esa ropa, no te hacen falta los relojes, ni los perfumes, ni tanto maquillaje. Viajando aprende que menos es más, que vivir con lo esencial te desprende de las necesidades materiales y te libera a un mundo mucho más profundo, uno de desapego, uno de simpleza, uno en que la felicidad es más fácil, es más real. Y se humilde en tu felicidad, compartila que es infinita, fomentala en los que lo necesiten. Entendé que no sos especial, ni mejor, ni peor, que sos tan diferente como todos lo somos. Abraza esas diferencias, viví por esas diferencias, ama esas diferencias y a los diferentes. Se siempre consciente de la huella que dejas en el mundo, de las semillas que plantas en las vidas que tocas, de los ojos que te miran, de las manos que te ayudan, de la ayuda que vos das.

Viaja. Andate. Volvé. Y volvé para volver a irte, para ver cuánto cambiaste, para encontrarte con esa imagen que ha quedado en la mente de tus amigos, de tus viejos, para encontrarte con el que fuiste. Sonreí con nostalgia a esa persona, a ese recuerdo que perdura, que poco sabía que viajar iba a ser su fin, que lo iba a liberar, que lo iba a convertir en vos, en el que ahora sos, en el viajero que se fue.

Y a ustedes, ¿que los detiene (o los detenía) de salir a viajar, de vivir la vida que desean?

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