Caminando entre nubes: Los caminos del Annapurna

A mi derecha, un abismo blanco. El esfuerzo del día me agarrotaba los cansados músculos de las piernas y el miedo me paralizaba. Caí de rodillas como pude en el estrecho sendero congelado por el que tratábamos de avanzar, la mire a Celeste y le dije “No puedo más, no sé cómo seguir”. El abismo de los Annapurna amenazaba con tragarme y yo solamente podía pensar, como siempre que un camino se pone difícil, en como había ido a parar allí.

La Previa

Durante nuestra primera semana en Nepal nos vimos movidos por un solo objetivo, prepararnos para el circuito del Annapurna, una de las principales cadenas montañosas de los Himalayas nepaleses.

El circuito, que comprende alrededor de 250 kilómetros, alcanzando una altura máxima de 5416 msnm en el Paso Thorung La, se encuentra dentro del Annapurna Conservation Area Project (ACAP). La ACAP es la entidad encargada de mantener, desarrollar, conservar y señalizar los distintos trail (caminos) y rutas a lo largo del circuito.

Después de pasar uno 6 meses viviendo a temperaturas tropicales y desérticas en el norte de Australia y en el Sudeste Asiático, llegamos a Kathmandu con unas mochilas cargadas de mayas, ojotas y remeras mangas cortas.

Tardamos tres días en terminar de comprar toda la ropa y el equipo esencial para el trek que nos disponíamos a hacer, y partimos sin demora en un bus local hacia la ciudad de Pokhara. Allí nos esperaba el padre de Ashiq, un inmigrante indio oriundo de la provincia de Kashmir (lugar de origen de la famosa tela).

Este señor, al que, siguiendo la tradición india de referirse a los mayores en señal de respeto como ¨tío¨, llamábamos en ingles ¨uncle¨, nos recibió con los brazos tan abiertos como pocas personas antes lo habían hecho.

A sus casi 60 años, y sin saber leer ni escribir, maneja un negocio de venta de alfombras y telas importadas de Kashmir, e importa y exporta azafrán, el famoso oro rojo, también producto de su tierra natal.

Pasamos dos noches en su casa, comiendo en el suelo y con las manos con él y sus amigos, aguantándonos un poco el picante y saboreando ese hermoso sentimiento de hospitalidad que nos estaba siendo regalado.

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En el centro de la foto, uncle disfruta de la compañía de todos sus huéspedes.

Nos costó poco despedirnos, en parte porque sabíamos que íbamos a volver (habíamos dejado la mayoría de nuestras cosas en su casa), y en parte porque estábamos emocionados por lo que estaba por comenzar.

Solo con lo esencial partimos hacia la estación de colectivos de Pokhara, entre las dos mochilas no sumábamos ni 15 kilos. Entre los dos no sumábamos tampoco ni una semana de experiencia en trekking en nuestra vida, pero nos habían dicho que el circuito de Annapurna se podía hacer por cuenta propia, y elegimos creerlo.

Teníamos un objetivo en mente: Caminar desde Besi Sahar (820 msnm) los aproximadamente 120 kilómetros que distan hasta el Thorung La Pass (5416 msnm) sin ayuda, sin guía, sin libros y sin internet. El trayecto, en total, debía tomarnos unas dos semanas.

Mientras caminábamos hacia la estación y mirábamos a lo lejos las montañas de los Annapurna sobre el lago Phewa de Pokhara, sonreíamos ante la inminencia de una nueva aventura.

Entre las nubes de los Annapurna

Dos viajes en colectivo y 8 horas más tarde llegamos a Besi Sahar. El pedregoso camino montañoso, siempre bordeando los acantilados, que siguió el colectivo, fueron un presagio de lo que teníamos por delante.

Nos bajamos del bus, nos calzamos las mochilas y empezamos a caminar. Y así de simple, sin flores, trompetas ni ceremonias, empezamos el circuito del Annapurna Podes leer la Guía del Circuito haciendo click aca -.

La avenida principal del pueblo iba lentamente convirtiéndose en un camino pedregoso. Las casas se hacían cada vez más distantes y se empezaban a ver cultivos a ambos lados del camino.

A solo unos 10 minutos de salir del pueblo unos niños nos sorprendieron con nuestro primer ¨Namaste¨, saludo típico de los nepaleses, que viene acompañado del gesto de juntar las manos y llevarlas a la frente.

Devolvimos el saludo, que dispensaríamos las próximas semanas a cada persona que veíamos, por el simple placer de ver la sonrisa con que todos los nepaleses responden al mundano acto de ser saludado con respeto.

Caminamos por la ruta, siempre en contra de la corriente del rio Marsyangdi, apartándonos del camino de camiones, colectivos, jeeps, tractores y motos, hasta la aldea de Bhulbhule.

Tardamos unas cuatro horas en llegar, y aprendimos una valiosa lección: cuando los nepaleses nos decían que faltaban 2 horas para alguna aldea o punto en particular, nosotros teníamos que calcular el doble.

Paramos en una de las dos guest house, modo de alojamiento que se usa en prácticamente todas las aldeas del circuito de Annapurna, que había de ese lado del rio.

Ruedas de Oraciones en Annapurna
Estas ruedas de oración, que contienen mantras escritos en su interior, se encuentran por todo Nepal. La tradición es pasarlas por la derecha y hacerlas girar para obtener buen karma.

Al día siguiente, después de un sustancial desayuno, no nos tomó más de uno o dos minutos dejar Bhulbhule atrás y tomar nuestro primer trail que, anunciado con una línea roja sobre una blanca pintadas en una piedra, nos llevó por un difícil camino de subidas y bajadas hacia el Noreste, dirección que mantendríamos por casi 10 días.

A eso del mediodía llegamos al pueblo de Bahundanda, donde después de rechazar las ofertas de los dueños de los restaurantes y de registrarnos en el puesto policial de control decidimos avanzar hasta el pueblo siguiente y comer uno de los snacks que habíamos llevado en el camino.

Sólo unos 15 minutos después de dejar la última casa atrás, nos encontramos con un paisaje increíble, y con un árbol que se ofrecía sus raíces como asientos y sus ramas y hojas como sombrillas.

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Almorzando con vista al valle.

Cuando llegábamos a la pequeña aldea de Ghermu Phant, el cielo amenazaba con lluvia, por lo que decidimos parar.

Cuando por fin encontramos un lugar acorde a nuestro presupuesto, nos acomodamos y pedimos dos Dal Bhat, plato típico nepalés que consiste en arroz, sopa de lentejas, y generalmente un curry de vegetales y algunas verduras al vapor. Una característica a no pasar por alto es que cuando se pide Dal Bhat en Nepal, lo normal es que se rellene el plato hasta que el comensal está lleno.

Nos sorprendió ver que la dueña del hostel, que también era la cocinera, mandaba a su hijo a comprar los ingredientes para cocinar. Y si bien tardaron cerca de 2 horas en cocinar nuestras ordenes (las únicas que recibieron esa noche), fue el mejor Dal Bhat de cuantos probamos a lo largo del circuito de Annapurna.

Ese día, el primero íntegramente de trekking, establecimos sin saberlo una rutina que seguiríamos durante las próximas semanas. Y así fue que los siguientes días hacíamos siempre lo mismo y lo único que cambiaba era el camino y el paisaje.

A medida que subíamos pasamos por caminos selvicos llenos de charcos embarrados, por inmensas llanuras desérticas adornadas con secos arbustos, subimos por pendientes graduales que parecían no tener fin, por escaleras que ascendían en zigzag, y por empinadas colinas que nos obligaban a parar cada 20 pasos para recuperar el aire.

El tercer día tuvimos nuestra primera prueba de persistencia. Luego de un largo día de subidas y bajadas, el camino para llegar al pueblo de Tal pegaba un rodeo por una montaña para luego descender en picada.

Sabiendo que estábamos cerca y recordando la altura a la que Tal se encontraba, yo ya me temía lo peor: una subida pronunciada al final del día. Y por supuesto eso fue lo que encontramos.

La subida de Tal nos agarró cansados, y empujo por primera vez a nuestros límites mentales y físicos. Tanto así, que ese día acuñamos la frase que nos acompañó durante todo el circuito: el único camino es para delante.

Los Caminos del Annapurna 2

Los días pasaron en esta rutina del trekking: desayunar, caminar, cenar, dormir, y volver a empezar. Y casi sin darnos cuenta fuimos avanzando, cada vez más cerca de nuestro objetivo.

A medida que íbamos subiendo, la temperatura iba bajando en los Annapurna.

Cada vez nos sorprendía mas la facilidad con la que los locales se desplazaban por estos parajes: en ojotas o zapatillas deportivas en el mejor de los casos, siempre cargando con pesos imposibles.

Transportaban leña, bosta, piedras, o provisiones en canastos colgados a sus espaldas y enganchados a sus frentes.

La siguiente noche la pasamos en Bagarchhap, una aldea que consistía en un par de hostels al costado del camino.

Para llegar hasta ahí tomamos uno de los trails alternativos, marcados con líneas azules y blancas, que nos llevó, luego de 47 minutos de subida ininterrumpida por escalera, a pasar por la remota aldea de Odar.

La niebla, que a esa altura ya empezaba a asentarse casi diariamente pasado el mediodía, nos empañaba la vista del paisaje. Pero no empañaba nuestro empeño por ver como vivía esta gente.

Desde Bagarchhap nos tomamos un día largo pero facil para llegar hasta el pueblo de Chame y descansar.

Los Caminos del Annapurna

En el camino de Chame a Upper Pissang conocimos a nuestro primer compañero temporal de viaje. Mustafa, proveniente de Turquía, tenía varios trekking en su haber, por lo que tuvimos que acelerar un poco nuestro lento pasó de paseo para seguirle el ritmo.

Trabajando como guía de turismo para argentinos, uruguayos y chilenos en Estambul había aprendido a hablar un español latino casi perfecto.

Aprovechamos el camino relativamente fácil que nos tocaba ese día para conversar sobre nuestras respectivas culturas: comida, futbol, comida, política y comida una vez más. Al final del día llegamos a Upper Pissang y yo hubiera cambiado mi mochila por un asado o por un kebab, lo mismo daba.

A los 3300 metros sobre el nivel del mar ya empecé a sentir los efectos de la altura. El aire no llegaba a llenar mis pulmones por completo, lo que compensaba respirando con más frecuencia. Cada vez me costaba más concentrarme en mis pasos, mantener la vista baja.

La sensación de vivir en una obra de arte me absorbía y me distraía de todo lo demás. Las montañas cada vez más cerca nos ofrecían sus picos nevados en contraste con el celeste del cielo, las laderas tapadas de pinos, cascadas y arroyos.

Al día siguiente, luego de subir la que se convirtió de buenas a primeras en nuestra nueva ¨subida más difícil del circuito de Annapurna¨ para pasar por el pueblo de Ghyaru, tomamos el trail y caminamos por un intrincado camino de subidas y bajadas por un terreno de finas piedras que hacían muy difícil los ascensos, y dolorosamente lentas las bajadas.

Más de una vez estuvimos a punto de caernos mientras bajábamos, por lo que a costa del dolor en nuestras piernas, fuimos lento, muy lento.

Llegamos a Braka casi dos horas después que Mustafa, por lo que nuestro querido amigo nos estaba esperando con la llave de la habitación del hostel, ahorrándonos el trabajo de buscar uno nosotros. Contentos, nos acomodamos, tomamos un té para calentarnos, y fuimos a cenar.

El tema de la cena fue la aclimatizacion – Pueden leer sobre ésto en La Guía haciendo click acá. Lo recomendable, según los médicos, es tomarse dos o tres días en Braka o en el pueblo vecino de Manang para aclimatarse a la altura.

Ésto se puede hacer simplemente pasando los dos o tres días en estos pueblos que se encuentran a 3450 metros y 3540 metros sobre el nivel del mar respectivamente, o haciendo uno de los trek alternativos: las cuevas de Milarepas a 4000 metros o el Ice Lake a 4600.

Celeste se dio de baja alegando que ella se quedaba a descansar, Mustafa se iba al Ice Lake, y yo, que no puedo ser menos, me iba con él. Poco sabía que ése fue el error que casi me costaría el resto de mi aventura por los Annapurna.

Un Yak en las alturas
Los Yak abundan en las zonas altas del circuito de Annapurna. A este lo encontre pastando a 4000 msnm.

El Ice Lake se encontraba a unos 1200 metros de altura de diferencia con Braka, y el camino de ida no fue más que una ininterrumpida, resbalosa y mentalmente desgastante y empinada subida.

Después de cuatro de las horas más físicamente duras de mi vida, me rendí. Mustafa había desaparecido hacia horas, el viento soplaba helado y con una fuerza que me tumbaba, y mi cabeza me gano la pulseada. No llegaba más.

Me senté al costado del camino y enterré la cara en mis manos. No sé cuánto tiempo estuve así hasta que sentí que alguien se me acercaba y me decía ¨¿estás bien? Ya falta poco, está ahí¨.

Cuando levante la vista vi a un hombre que, junto a su pareja, me sonreía invitándome a terminar lo que había empezado. Me levante y camine, me obligue a avanzar y me reí a gritos cuando vi que solo me faltaban unos cien metros.

Llegue al bendito Ice Lake, que no era mucho más que un charco de agua grande (será que me crié en Entre Ríos), y me senté a descansar.

A pesar de la ventisca que me golpeaba por todos los costados, pude apreciar una vista maravillosa, de las mejores que vi en todo el circuito de Annapurna.

Desde el Ice Lake, Manang
La vista desde el Ice Lake.

Baje de la montaña sin parar de charlar con la pareja que me rescato de mí mismo y me empujo a terminar el trail del día. Él es australiano y ella holandesa. Resse y San se convertirían, al día siguiente, en nuestros nuevos compañeros.

Al llegar a la habitación, Celeste me esperaba ansiosa por ver como estaba. Mustafa había vuelto hacia horas y ella ya se estaba poniendo nerviosa. Y yo, yo estaba mal, muy mal. El frío y el viento se me habían metido en la garganta.

No podía mover el cuello, ni tragar y apenas respirar. El pecho me oprimía los pulmones, me costaba inhalar y no tenía voz. La causa de mis males: no lleve abrigo suficiente.

Pase el resto del día acostado, solo levantándome para cenar y tomar té de jengibre, remedio recomendado por la señora que cocinaba en el hostel donde nos quedábamos.

Al día siguiente nos despedimos de Mustafa porque él quería seguir y yo francamente no estaba en condiciones, así que nos dijimos los hasta luego de rigor y cada uno siguió su camino.

Nosotros fuimos solo hasta Manang, a media hora de Braka donde, después de mirar en varios hostels, nos metimos en un restaurante que parecía local pero que también ofrecía habitaciones.

Ni bien entramos Resse, que junto a su novia San estaba tomándose un día libre, nos llamó a gritos y nos dijo que ese era el hostel más barato del pueblo

Esa tarde empezó a nevar, y siguió nevando hasta bien pasada la noche. Nos refugiamos en el hostel, donde comimos la comida más barata y más rica de todo el circuito de Annapurna.

Junto con los locales que frecuentaban el restaurante, nos acomodamos al lado de la única estufa, a base de leña, que tenía el lugar, para tomar algo de calor.

Al día siguiente mi garganta ya estaba un poco recuperada, y el mundo se había teñido de blanco, por lo que nos animamos a subir a un mirador a una hora y media de Manang, desde donde vi uno de los paisajes más hermosos de mi vida.

Mirador de Manang
Vista desde uno de los miradores de Manang.

El resto del día lo tomamos para descansar un poco más. Teníamos el último tramo antes del paso por delante, así que seguimos hacia adelante.

El camino fue relativamente fácil los dos días que siguieron, una subida gradual con pocas bajadas, un terreno parejo y cómodo para caminar. Hicimos el trayecto de Manang (3500 msnm) a Yak Kharka (4050 msnm) en poco más de cuatros horas.

Ya llegando al pueblo, nos encontramos con nuestros últimos compañeros de viaje. Valerie y Victor, de Chile y España respectivamente, venían de subir al famoso Tilicho Lake, y también iban a hacer noche en Yak Kharka, por lo que buscamos hostel juntos.

Y fuimos, también juntos, hasta Thorung Phedi, última parada previa al paso, al día siguiente.

El Ultimo Ascenso 

A eso de las tres de la mañana me levante de la cama y, maldiciendo a la altura que provoca un aumento en la frecuencia urinaria, me calce las botas y salí al baño. De repente, la luna alumbraba un mundo blanco: nevaba.

A las cuatro de la mañana nos levantamos a desayunar y a las cinco nos pusimos las mochilas, todo el abrigo de que disponíamos y con las linternas salimos a enfrentar el mayor desafío del circuito de Annapurna, el ascenso al Thorung La Pass.

La nieve se amontonaba en nuestras cabezas y nuestras mochilas. Apenas podíamos distinguir el camino con las linternas y el frio nos congelaba por lo que avanzábamos lento por un camino empinado y resbaladizo por la nieve. Los efectos de la altura empezaron a menguar fuerte el estado de Celeste, que a cada paso encontraba más dificultad para respirar.

Tardamos dos horas en llegar al Base Camp (el doble de lo normal) y apenas saliendo del mismo nos encontramos con la primer dificultad seria.

El camino se volvía tan angosto que no entraban mis dos pies juntos uno al lado del otro, y para colmo estaba congelado. Intente caminar pero enseguida mi pie salió disparado y cerca estuve de caerme al precipicio. Volvimos al Base Camp, compramos un set de palos para caminar y volvimos a intentarlo.

No puedo expresar en palabras lo lento que avanzamos las siguientes horas. Cuando por fin superamos este angosto y resbaladizo camino dimos un giro y seguimos subiendo por la montaña. El camino era siempre empinado y siempre congelado. Otro giro y nos encontramos con mi pesadilla.

Caminando sobre hielo a 5000 msnm
Esa linea mas clara sobre la ladera de la derecha era el camino.

El camino se hacía todavía más angosto, y el precipicio más profundo. Me trague el miedo y avance, tan lento como podía, hacia adelante.

Por más que intentaba mi pierna derecha se iba siempre hacia la caída. Tenía cada musculo del cuerpo tensionado, saturado. No avanzaba, y el miedo a caerme me tragaba. Otro resbalón y fue tanta la fuerza que hice con mi pierna izquierda que caí de rodillas en el  estrecho camino.

Me rendí. La mire a Celeste y le dije: no puedo más, no sé cómo seguir. Sí podes, me contesto, el único camino es para delante. Cuando levante la vista la vi al lado mío.

Tenía razón, me trague la frustración, el miedo, y el cansancio y seguí para delante. Dolorosamente lento avanzamos por ese camino, no más de 200 metros en una hora, pero llegamos a un terreno más amplio donde el sol había derretido el hielo: jamás estuve más contento de caminar sobre barro.

Camino al Thorung La Pass
¡Dale que falta poco!

El camino desde ahí fue un ascenso gradual por unos montes que se solapaban unos a otros. En su cima siempre había un poste que indicaba el camino a seguir, y siempre daba la sensación de que detrás del siguiente poste iba a estar el paso.

El viento soplaba cada vez más fuerte, de frente, como empujándonos hacia atrás, alejándonos de nuestro objetivo. Caminamos de esta forma, temblando de frio, sin sentir los dedos de los pies ni las manos, por varias horas. Eran ya mediodía cuando, después de 7 horas de duro ascenso, vimos las banderas.

Thorung La Pass
Eran tantos los banderines que no se podían ver los carteles de felicitaciones por alcanzar el paso.

Nos tomó 14 días de esfuerzo, tanto físico como mental, pero al fin llegamos al paso montañoso de trekking más alto del mundo, el mítico Thorung La Pass (5416 msnm).

Así termina el relato de nuestro paso por el Circuito del Annapurna, en los Himalayas nepaleses. Si llegaste hasta acá, quiero antes que nada agradecerte, y ademas invitarte a que sigas viajando con nosotros acompañándonos en Facebook, Twitter, Instagram y Suscribiendote al Blog ingresando tu Email abajo de todo y haciendo clic en Seguir. Si tenes pensado ir a Nepal no dejes de leer nuestra guía para el Circuito de Annapurna.

Hasta la próxima, y ¡Buenas rutas!


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